domingo, 16 de mayo de 2010

MUSEO ESCULTORICO

Santuario Selvatico


Josefa Marìn

Manuelita Saenz



El Reloj Solar







Fisiforma II








Codigo Aroa




Las minas de cobre de Aroa se pierden en la montaña


Lisbella Páez



Fotos Wiston Duran


Ayer, se cumplieron 179 años en que Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios, agonizante en la quinta de San Pedro Alejandrino, en las afueras de la ciudad de Santa Marta, en Colombia, propiedad de don Joaquín de Mier, que lo acompañaba, dictara su Testamento.

En el mismo, en el artículo 4 dice que “Declaro: que no poseo otros bienes más que las tierras y minas de Aroa, situadas en la Provincia de Carabobo”; luego de su muerte, sus hermanas vendieron este bien que fue puesto en servicio como parque recreacional el 19 de agosto de 1977.

En 1983 en el marco de la celebración del Bicentenario del natalicio de El Libertador, desde la Presidencia de la Republica, se destinaron recursos para su rehabilitación y el Parque recreacional se dividió en cuatro museos: el ecológico, artístico, documental y tecnológico.
Cuenta, con una extensión total de nueve mil hectáreas pero solo catorce fueron desarrollados para el turismo y la recreación, con la edificación de vestuarios, sanitarios y otras comodidades.
Un dolor de cabeza para Bolívar
Las minas de cobre en Aroa, localizadas al noroeste del estado Yaracuy, que Simón Bolívar, heredo por mayorazgo, fueron durante muchos años su dolor de cabeza, a tal punto que el 28 de junio de 1829, en correspondencia a José Fernández Madrid, le escribe ¡ Malditas sean las minas y las libranzas, y los que gastan sin tener con qué!
Pero también fueron su esperanza, pues a cuenta de ellas quitaba prestado, poniéndolas como garantía.

Tan pendientes estuvo de ellas en el transcurso de 1811-1830 que hasta el día de su muerte las tuvo presente, al expresar en su testamento” Declaro: que no poseo otros bienes más que las tierras y minas de Aroa, situadas en la Provincia de Carabobo, y unas alhajas que constan en el inventario que debe hallarse entre mis papeles, las cuales existen en poder del Sr. Juan de Francisco Martín vecino de Cartagena”


El Museo artístico


En 1983 en el marco del Bicentenario del natalicio de El libertador, se inauguró el Parque Bolivariano Minas de Aroa, conformado por cuatro museos: uno de ellos lo constituía un museo abierto conformado por 20 esculturas de gran formato.

Este museo abierto desde 1983 lo constituyen las esculturas, que artistas venezolanos, se dedicaron a construir con materiales provenientes de las minas como clavos, tornillos, trozos de cobre, ruedas, barras, piedras entre otros, en un homenaje a El Libertador.
Durante varios días, participaron en un Simposio de Escultura; en las entrañas de la montaña, artistas como Freddy Armas, Ofelia Rincón, Colette Delozane, Pedro Barreto, Luis Chacon, Jorge Salas, Roberto González, Abigail Valera, Maria Cristina Arria, Carlos Mendoza, Manuel Buyilla, Belén Parada, Felix George, Edgar Fonseca, Soledad Salame, Mary Rodríguez, Oscar León y Nieve Batista.

Algunos de estos nombres han obtenido premios de gran relevancia en lo nacional e internacional en el mundo de las artes.

Las esculturas, en hierro y otros materiales fueron sembradas en diferentes lugares y formaron el museo artístico, uno de los cuatro proyectados y desde la entrada a las minas de cobre en Aroa, el visitante se topa con ellas, en el camino hoy muy angosto hacia lo que fueron las instalaciones del comedor, en la primera entrada a una de las galerías, en las cercanías del molino. Son obras de gran formato a cielo abierto.
De ellas, solo se pueden identificar, la de Ofelia Rincón quien forjo a Conflicto III; Freddy Villarroel a Identidad I; Jorge Salas A los lanceros de Apure; María Cristina Arria a Manuelita; Roberto González a Homenaje a un caído con la verdad; Luis Chacon a María Antonia; Pedro Barreto a Josefa Marin.

Colette Delozane, construyó a Santuario selvático; Abigail Valera, a El guerrero; Carlos Mendoza a El pipe de Aroa; Belén Parada a Paso de los Andes; Soledad Salame a Reloj solar; Edgar Fonseca a Transición; Mary Rodríguez a Fisioforma II y Oscar León a Código Aroa.
La falta de mantenimiento de las 20 esculturas ahora reducidas a 18 se muestra a simple vista.
Algunas de las esculturas no están en su lugar habitual, una de ellas Piedras colgantes, de Enrico Armas en la cual más de cinco piedras colgaban de postes enclavados en un puente sobre el río., desapareció.

Otra pieza que no se ve es la El Correo de Bolívar, de Ángel Martínez Lobo, construida con un carrito de transporte del mineral, con grandes antenas y alitas, a semejanza de un grillo montado sobre rieles.

Y así El pipe de Aroa (Carlos Mendoza) luce un gran letrero que reza TE AMO, escrito en spray blanco, quizás por algún vecino o visitante; Manuelita (Cristina Arria) debajo de la sombra está pintada de verde por el musgo, Homenaje a un caído con la verdad (Roberto González) pintada en blanco, rojo y negro, que muestra un esqueleto de un hombre que yace en posición horizontal como un caído, le fue colocada en la boca una gran piedra recogida del camino. Josefa Marín (Pedro Barreto), a pesar de las condiciones adversas en que se encuentra, permanece en un buen estado, pero el oxido ha comenzado hacer lo suyo; Código Aroa (Oscar León), cuyo núcleo lo constituyen soportes en madera estos ya no tienen el luciente color original y las piedras sembradas a su pie han desaparecido.

El guerrero (Abigail Valera), en tres paneles de metal, sostenido con un trozo de madera apoyado en dos tuercas, que daban forma a un triangulo, permanece en el suelo, pues la madera se rompió, y Conflicto III (Ofelia Rincones), permanece sin sus cabillas que podían hacer las veces de pestañas. Todas las esculturas presentan daños.

El Museo al aire libre con piezas relacionadas a la vida de Simón Bolívar, durante su permanencia a cielo abierto en 25 años las esculturas no han tenido mantenimiento, , el sol, la lluvia y el polvo han hecho su trabajo: contribuir al deterioro. El aire que aún se respira en los alrededores trae el olor del cobre y el agua del río arrastra su color cobrizo, el terreno a la luz del sol brilla con el mineral incrustado.

Otros museos


Otro museo concebido en las instalaciones de las minas fue el tecnológico, hoy destartalado, en ruinas. Los implementos de trabajo se desaparecieron, al igual que el techo de las casas. El lugar es de desolación. Se han hecho denuncias del abandono. A nadie le importa.
Allí también están situado el Laboratorio para hacer pruebas, el molino para el cobre toda una tecnología del siglo XIX.
En una casa construida en los años 70 del siglo pasado se organizo una exposición con replica de la documentación sobre las minas de cobre, toda desapareció al igual que la museografía.
El Parque Bolivariano Minas de Aroa, desde siempre ha estado bajo la custodia del Instituto Nacional de Parques.








Transiciòn




El Guerrero






























































































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